LA DIFÍCIL TAREA DE BUSCAR PISO DE ALQUILER... EN LOS MADRILES
Yo no sé en el resto de España, pero buscar piso de alquiler en Madrid es algo desternillante, por no decir otra cosa… te ríes por no llorar. No hace mucho, me vi inmersa en esa vorágine de anuncios colgados de farolas, páginas web que fallan constantemente y zulos a precios de infarto.
Tras una larga temporada compartiendo piso, decidí que podría haber llegado la hora de mudarme a un rinconcito propio, pequeñín, coqueto, para mí y mi mundo interior donde no tener que quitar pelos ajenos de la ducha ni acordarme de la familia de nadie cuando se abre un grifo mientras yo me ducho.
Estaba decididísima: con un contrato de mileurista, no sería demasiado complicado encontrar algo...JA. No he visto cosa más tremenda en los días de mi vida; es técnicamente imposible encontrar un cuartucho donde caerse muerta por menos de 600 €. La gente pone en alquiler auténticos zulos, en los que sólo cabes de lado y no te atrevas a estornudar, que se te sale el frigorífico por la única ventana con la que cuenta la casa.
Lo más impresionante es el morro que le suelen echar tanto las inmobiliarias como los caseros. Después de una búsqueda por Internet de un mes, miles de llamadas de teléfonos y unas cuatro anginas de pecho provocadas por unos cuantos precios que me dieron, por fin encuentro en el Fotocasa algo que merece la pena. El anuncio rezaba lo siguiente: PRECIOSO ÁTICO, ZONA MALASAÑA, DOS ALTURAS. IDEAL PAREJAS (ya tienes que querer mucho a tu pareja para meterte ahí y no matarte a cabezazos…) MUY COQUETO. DOS HABITACIONES. SALÓN Y COCINA COMPLETAMENTE AMUEBLADA. Me digo “Esta es la tuya, Clari, no lo dejes escapar” … JA.
Para empezar, quedar con la impresentable de la casera fue toda una odisea. Casi le tuve que dar las gracias cuando conseguí verla después de aplazar tres veces la cita (digo yo que ella tendría que ser la primera interesada). Pero bueno, ya estaba allí. Tercer piso sin ascensor. Yo por entonces era positiva y pensé “qué bien… me va a quedar un trasero de infarto…”. El entusiasmo iba disminuyendo a cada peldaño que subía, pero de verdad que no sabía a lo que me enfrentaba. Llamo al timbre y me abre la buena señora. De repente veo que esas dos alturas tan monas e ideales para parejas eran más bien altura y un palmo: a la segunda alturita tenías que acceder de rodillas. El dormitorio principal no tenía ventana y era más grande el armario empotrado que la habitación en sí misma. Tras el pasillito PRECIOSO nos encontramos el SALÓN Y COCINA COMPLETAMENTE AMUEBLADA. Traducción (que es lo mío): te encuentras una habitación ocupada en gran parte por una nevera, un fregadero y una vitrocerámica y que deja escaso sitio para una mesa y un mini sofá. El único punto de luz: un ventanuco que apenas alcanzaba a abrir (mido 1.60 pero…) ¡¡Y la tía encantada!! ¡Vendiéndome la moto como si aquello fuera el Castillo de Windsor! Precio: 650 € al mes (me quedan 300 para pasar el mes en Madrid, todo un lujo). Juro que eso no pasaba de los 40 m2. Huí despavorida, claro está.
Ahora mismo vuelvo a compartir piso. Estoy encantadísima porque ahora vivo con chicos, que son bastante más sencillitos, y porque se me ha quitado de la mente la idea de vivir sola como me ocurrió de pequeña con aquello de llegar a ser presidenta del gobierno.
Me da por pensar que para el problema del alquiler para jóvenes… hacen falta algo más que unas Kelifinder, señora ministra.
